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Recientemente, el pastor Musthafa, quién coordina el ministerio Biblias para Medio Oriente en África Central, había estado liderando a 40 personas (en su mayoría mujeres) en la oración. Los miembros de la iglesia estaban participando en el ayuno, ahora en su tercer día.

Mientras se encontraban en el 3º día del ayuno, líderes musulmanes reunieron a una multitud de entre 25 a 30 personas para atacarlos. Las autoridades gubernamentales en esa región apoyan la demolición de iglesias, y rara vez intervienen.

Al grito de “Allahu Akbar”, los asaltantes entraron por la fuerza en la sala de oración, destruyendo todo lo que podían ver y rasgando el techo de la iglesia.

Un hombre apuñaló el cuello del pastor con una gran espada. Pero de repente, el pastor Musthafa sintió que una persona invisible lo alejaba de la hoja. La “persona invisible” demostró ser un enorme ángel guerrero. El atacante, incapaz de recuperar su compostura u objetivo, terminó herido con su propia espada. Entonces los atacantes comenzaron a golpear a los creyentes.

Fuerte lluvia y vientos tempestuosos se formaron

inesperadamente se formaron truenos y relámpagos, girando alrededor de la iglesia y en la zona. Grandes gotas de lluvia cayeron sobre los atacantes como piedras, haciéndolos confundir. Sin embargo, los creyentes permanecieron secos y protegidos del aguacero. Todos entonces se dieron cuenta de una gran nube que sobresalía en la iglesia, protegiendo a los creyentes de la lluvia. Entonces los creyentes vieron al Señor Jesús en la nube, y cayeron de rodillas delante de él, de acuerdo a lo informado por el Ministerio “Biblias para Medio Oriente”.

“¡Aleluya!”, Comenzaron a exclamar con todas sus fuerzas.

Más asombrosa hace la situación, el hecho de que la región había estado viviendo un tiempo de sequía; el agua fue absorbida rápidamente por el suelo.

Gran cantidad de granizo cayó sobre los atacantes, lo que hizo que abandonaran definitivamente el lugar.

En cuestión de minutos, la lluvia terminó y la nube desapareció. Los creyentes no podían dejar de alabar y dar gracias al Señor por su poderosa protección contra la persecución, y de lo que habían visto con sus propios ojos en esa asombrosa nube.